domingo, 10 de julio de 2011
El Comienzo.
Cuenta un lector que las palabras que transcribo están escritas en el sepulcro de un obispo anglicano: "Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Cuando me hice más viejo y sabio, descubrí que el mundo no cambiaría: entonces restringí mis ambiciones, y resolví cambiar a mi país. Pero el país también me parecía inmutable. En el ocaso de la vida, en una última tentativa, quise cambiar a mi familia, pero ellos no se interesaron en absoluto, arguyendo que yo siempre repetía los mismos errores. En mi lecho de muerte, por fin, descubrí que si yo hubiera empezado por corregir mis errores y cambiarme a mí mismo, mi ejemplo podría haber transformado a mi familia. El ejemplo de mi familia tal vez contagiaria a la vecindad, y así yo habría sido capáz de mejorar mi barrio, mi ciudad, el país y ¿quién sabe? cambiar el mundo".